COMPRESSPORT Trail Menorca Camí de Cavalls


Camí de Cavalls, vuelta a Menorca.

      Ya iban años corriendo, ya empezaba a tener cierta experiencia, las distancias largas, las de 100 km y alguno que otro más y pese a los duros desniveles, no tenían secretos para mí. Ya en 2015 me planteaba dar el paso siguiente en la vida de un ultra fondista de montaña, las 100 millas, distancia mitificada a raíz de las largas pruebas americanas, ellos también querían tres cifras, me cago en su sistema métrico, 100 millas igual a 165 km. En 2015 fui posponiendo el objetivo y fueron surgiendo otros, que no por ser distintos fueron menos importantes. Podría decir que pese a no hacer las ansiadas 100 millas fue un año más que positivo. El debut en 24 horas y 195 km me habían dejado muy contento pero no podía asemejarse a unas 100 millas de montaña.


Sabugo en la Salida del Trail Menorca Camí de Cavalls

    En este año todo apuntaba a que el primer fin de semana de junio me enfrentaría a la distancia en la Serra da estrella (Portugal) en el ultra oh meu deus, me había inscrito en octubre y era el objetivo del año. Pero un día, una tarde de esas lluviosas y aburridas, en las que te da por trastear en el Caralibro (Facebook) me dio por compartir un enlace en el que sorteaban una inscripción a la Compressport Camí de Cavalls, carrera que tenía en mente para el 2017, un poco más larga 185 km, pero con menos desnivel 2800m. Esos sorteos que nunca tocan, esas cosas de las que nunca vuelves a saber nada, se volvieron en mi contra. Un día al entrar al Face vi que Physiorelax me había etiquetado en un comentario, en el cual me nombran como ganador del dorsal, y mi reacción primera fue, cierra el Face, abre ryanair y busca billetes, desde Madrid no hay, pero si desde Barcelona, y con los billetes comprados confirmo mi asistencia.


      Me vine tan arriba que me entraban ganas de comerme el Physiorelax, luego me di cuenta que ya una vez me comí un gel de masajes, no voy a entrar en detalles escatológicos, y se me pasaron las ganas. No era el objetivo real, pero cómo iba a decir que no. Pronto me doy cuenta que había cogido el billete de vuelta para el lunes, y que por motivos laborales el domingo a última hora tendría q estar en León, asique pongo la maquinaria a funcionar y rápido arreglo el viaje de vuelta para el domingo, esta vez haciendo escala en Alicante para combinar avión y tren. Toda la logística hecha, ahora solo falta que cumpla el paisano, algún que otro entreno, alguna competición que otra, los 101 peregrinos, la media de Benavides, unos rodajes en bici, una puesta a punto en Clínica San Marcos, y a viajar. Tren hotel a Barcelona, avión a Menorca coche de alquiler y finalmente llegó a Ciudatella, punto de salida y llegada de la carrera, me alojó, recojo dorsal, cena de relax, pasta por supuesto, y a dormir.


      Había dos salidas, una a las 9 de la mañana para los a priori más lentos, siendo el límite de tiempo de 40 horas, para que no se metieran en la segunda noche, y otra salida a las 2 de la tarde para los más rápidos, que luego pasaría a llamarla la salida de los pros. Nada que allí me planté yo Pa salir a las 2, no me apetecía madrugar, en la primera salida algo más de 120 participantes, en la pro algo menos de 60, y cuando se ponen a presentar a los corredores me doy cuenta que el nivel es muy alto, lógico, los premios económicos también lo son, no habíamos salido y ya estaba manchando él calzoncillo, era el más mindundi del grupo, pero confiaba en mí trastorno mental, sin el mis piernas no responderían.


     Con gran ambiente tomamos la salida, callejeando por la ciudad llegamos al puerto deportivo, donde la gente se levanta de las terrazas para aplaudirnos, esto pronto pasa y nos adentramos en el camí, en primera línea de mar Mediterráneo, siempre dejándolo a mi izquierda, ya que la vuelta a la isla sería en sentido horario. El pelotón comienza a estirarse e intento no dejarme llevar por la euforia, tras unos primeros kms demasiado rápidos, bajo el ritmo y busco mi sitio, me voy fijando en el balizaje, dudoso por momentos, y empiezo con mis primeras paranoias mentales de quién cojones me mandaría correr con lo bien que estaba yo tirado en esa cala, voy fatal no llego ni al 20, pero bueno pasadas las primeras paranoias típicas de todo ultra pongo velocidad calentamiento y pronto llegó al 18 con el primer avituallamiento. A la salida me pongo a charlar con un madrileño, con el que había hablado ya antes de la salida, y acabamos hablando de lo loco que está el mundo, de la falta de compromiso de la gente de hoy en día, mientras que subíamos y bajábamos por una cala y otra, era la zona más técnica y con más desnivel de la carrera. Finalmente acabó perdiéndolo, quedamos en ponernos en contacto vía Face, le deseo mucha suerte y tiro. No nos volveríamos a ver.




Todo va bien chic@s

      Poco después tuvo lugar un momento bastante extraño, marchaba cómodo por el camí, pero en las proximidades de una cala donde el camino se estrechaba me encuentro con cuatro personas a caballo, las adelantó como puedo rebasando al último caballo ya a pie de cala, y la estampa que ahora narró es lo surrealista, me encontraba escoltado por cuatro jinetes y sus cuatro caballos negros como el carbón, flanqueado a un lado por una familia de domingueros, mesa, sombrilla, nevera, palas y pelota de playa incluida, al otro lado una manada de unas 20/25 vacas intentando pastar hierbajos que salían entre la arena , bajo mis pies una arena fina, muy fina, y frente a mis ojos, un mar azul, un agua cristalina, un agua que si no supiera dónde estaba diría que es el Caribe. Con toda esta mezcla solo pensé en que el tiempo se parara, que nada se moviera para escanearlo mentalmente y guardarlo en la retina, pero como cantaba Patricia Manterola, que el ritmo no pare, no, hice una captura rápida de imagen y no baje el ritmo, es más creo que lo aumente, de la emoción, la excitación, del ansia de descubrir nuevos paisajes, nuevas vistas, nuevas historias, nuevas metas, nuevas experiencias, nuevas...


     A partir de aquí, tengo ciertas dudas, y eso que hace unas 12 horas que acabe la carrera, pero tantas horas tantos kms al final mezclas todo. No sé en qué momento me junte con Jordi, un Castellonense afincado en Andorra, un cachondo, un crack, un buen compañero de viaje. Entre historia e historia, de una carrera, de otra, de una mujer, de otra, de varias, de muchas, iban cayendo los kms. Con el cachondeo que nos traíamos nos despistamos, y hasta que aparecimos en una carretera sin balizaje, no nos percatamos que nos habíamos salido del trazado. Allí, perdidos, sin saber si ir a izquierda o derecha, seguíamos contando chistes y haciendo el bobo, miramos en el móvil el mapa la carrera y con la ayuda de unas señales de tráfico decidimos ir hacia la izquierda, hacia el faro, hacia el mar, no hay pérdida, unos 15 min después volvemos a estar de nuevo sobre el trazado. Allí ya con la noche encima y la brisa del mar Jordi se abriga dice q tiene frío, yo como buen paisano leonés sigo con mi camiseta ligera sin mangas, y es que como dirían en Galicia, iba quente como una perra.


Destilería Gin Xoriguer
      En los avituallamientos un cartelón grande te marcaba los kms que llevabas y los que quedaban, el perfil del tramo siguiente, los kms al próximo avituallamiento, etc. El cachondo de Jordi en uno de ellos dice oye que tal vas? Porque aquí dice que nos quedan 115 km yo he hecho ultras más cortos que esto. Jordi comenzó a tener molestias en una rodilla y bajamos el ritmo, no había prisa. Pasamos por un largo puerto deportivo, ni idea de que pueblo, y me encuentro con la destilería Xoriguer, la imagen de la botella en la puerta hizo que me lanzará sobre ella, y luego me quede pegado a ella con un extraño magnetismo, entonces me percaté que mis Fix point ( imanes que aguantan el dorsal sin tener que perforar tu camiseta) se habían pegado a aquella puerta metálica, me desmagnetizo como puedo y pensando en el rico elixir, y tras colgar la foto en el Face ( tenía que informar a mi gente por donde iba y que mejor manera que hacerlo con humor), proseguimos por el puerto y algún que otro fiestero nos animaba, era primera hora de la noche. Jordi cada vez iba peor de su rodilla y me dice que abandonara en el 100, yo pese a encontrarme bien y tener buen terreno para correr decido quedarme con él y andar hasta el 100. Allí nos despedimos y continuó en carrera.


     Pasaría el resto de la noche solo, sin pena ni gloria van pasando los kms. Pronto amanece, me daba cierto respeto, sabía que apretaría el calor, y eso lo haría más duro aún. Ya con plena luz y marchando por el borde del mar, me entra un apretón, confiaba en llegar al siguiente avituallamiento y usar el baño químico que tenían en cada avituallamiento. Las ganas de multiplicaban exponencialmente y el muñeco empezaba hacer la tortuga, y así, sin pensármelo más, recién amanecido, a pie de mar, frente a una línea de chalets, en una zona rocosa como buenamente pude apoye mi espalda en una piedra y allí deje mi regalo. Fue una cosa rápida, sin rodeos, no hacía falta libro ni videojuegos, además allí a la vista de cualquier menorquín que se levantase de cama y se asome para contemplar ese maravilloso amanecer. Espero y deseo que no me viera nadie, no por vergüenza, sino por no traumatizar a nadie, si alguien contempla semejante cosa creo que tendría miedo a cada amanecer del resto de los días de su vida. Por cierto a los que siguen las crónicas, y conocen a mis princesitas, esta vez cambie, ahora llevo frozen, hay que actualizarse en las tendencias Disney , 10 únicas toallitas, bien plegadas, peso mínimo garantizado, compradas en una perfumería de Ordoño, no digo el nombre que a ver si vais a pensar que me patrocinan y todo. Y así, así de rápido, así de fácil, así me desprendí de un trocito de mí, que me hizo salir más ligero.


     Me marcaba pequeñas metas, de avituallamiento en avituallamiento, marcándome tiempos de paso estimado, calculando bajar de 30 horas, los cuales iba cumpliendo sobradamente. Debía rondar el km 140 cuando oigo unas voces justo detrás, ahora ya empezaba a cruzarme con gente de pruebas de otras distancias con los q compartía kms, cuando quise girar la cabeza me pasa una tía a un buen ritmo y me doy cuenta que es La campeona mundial Nuria Picas que disputaba la carrera de 85 km, aceleró y me pongo a la par, me mira y un poco sorprendida me dice:

Nuria: oye, tú no eres de la larga

Sabugo: sí

Nuria: menudo ritmo llevas no?

Sabugo: guarde un poquito por la noche, y ahora tengo que aprovechar no pasa todos los días que puedas correr junto a una campeona del mundo. Nuria: saliste a las 2?

Sabugo: si

Nuria: pues tampoco pudiste guardar mucho si vas por aquí

(Aparece una pequeña bajada con bastante piedra y me adelanto un poco, sacando mi faceta más cabra y luego bajó ritmo Pa volver a emparejarme.) Nuria: oye chico, pero tú de dónde sales

Sabugo: de León


Nuria Picas
Y así entre charla y charla, aguanto unos 15 min y decido bajar el ritmo, me quedaban mucho por delante y lo pagaría. Debería ser sensato, después de la insensatez que había cometido. Pronto comienzan a pasar otros corredores, Nuria iba en cabeza de la carrera de 85 km, de repente me adelanta un grupo que casi me arrancan las pegatinas, era la cabeza de carrera de la de 55 km. Los kms siguen cayendo, cada vez más despacio pero sigo bien anímicamente y mentalmente. Se me empiezan a hacer muy largos los trayectos de avituallamiento a avituallamiento. El calor empieza a apretar, pero me mantengo firme en mi propósito de llegar a meta, lo mayor estaba hecho, solo había que rematar. Se vuelve un poco más duro cuando atraviesas preciosas calas en las que hay gente tomando el sol, en las que hay chicas, chicas guapas, chicas en topless, y es que en alguna cala me daban ganas de quedarme, digamos que por las vistas, pero estaba centrado en una sola cosa, correr.





Tras varias horas por calas y acantilados ya divisó Ciutadela, y acabado saliendo del camí para incorporarme al asfalto donde comparto una charla sobre carreras y triatlón con una triatleta que debuta en el Trail en la carrera de 55km. Ya callejeando por las afueras de la ciudad, me encuentro 3€ tirados en la calle, obviamente recojo para hacer caja, pensaba en ese momento, 3€ igual a dos geles gu, igual a una coca cola en una terraza, igual a, podría haber comprado medio mundo en aquel momento con esos 3€ pero no podía pararme tenía q seguir corriendo. Me adentro en una cala con bastante gente y un señor me informa que queda un km, intentó acercarme a la orilla para mojar mi corra rosa de la suerte y calmar el duro calor, y viendo como la marea parecía reírse de mí, al bajar el agua cuando quería meter la gorra, me viene un ataque de locura y empiezo a trotar agua adentro hasta q me llega por encima de la rodilla, y ya dispuesto a darlo todo y lanzarme de cabeza al agua me da un ataque de sensatez, me percato que llevo encima el móvil y el iPod, paro en seco e introduzco mi cabeza. Salgo del agua y prosigo, me noto más pesado, pero más fresco, mucho más fresco, aprieto los dientes y no paro de correr, sería algo más de un km, más bien cerca de dos, la gente en las calles me dice que está cerca la meta pero aún no la veo, llevaba unos minutos oyendo la música y al speaker de meta, al girar en una calle veo la meta al fondo, y en filo la última recta emocionado, me saco la gorra rosa de la suerte y me cubro la cara con ella a la vez que se me quieren escapar las lágrimas de alegría, ya pisando la alfombra de meta, doy los clásicos besos a mis dedos y de ahí a mi brazo, ya mi clásica celebración en honor a mis padres, camino por la alfombra chocando la mano a todo el tumulto de gente que me aplaude y grita por la alfombra, vuelvo a trotar unos metros, subo la rampa del arco de meta con muchas ganas y con mucho impulso y ya bajo el arco suerte un fuerte gritó diciendo "si, vamos ostia" y lanza un puño al aire descargando la rabia contenida y sintiéndome libre.



Jorge Sabugo - Finisher


    Ya en meta medalla, camiseta de finisher, photocoll, y al hotel para acicalarme un poco y volver a cenar algo y disfrutar del buen ambiente de la carrera. Masaje, paella, helado mito, bocata de jamón, y no cuento más que esto es un tostón. Durante la carrera ya pensaba en esta crónica, y me gustaría ser capaz de plasmar ahora, lo que de verdad pienso en carrera pero resulta complicado. Quiero agradecer como siempre el cariño de toda la gente que me anima y apoya, el cariño que me han dado en el Face (única red social que uso, tendré que modernizarme y ampliar), en especial a la gente del Club atletismo León con un trato más cercano y más diario, en especial al presi, compañero, y gran amigo, Jesus Linares, siempre atento al transcurrir de la carrera y animando. Por supuesto también a la gente de GV Sports, y a mi padre deportivo Anxo Graña, que aunque la distancia nos separe sabe que siempre estoy a su lado incondicionalmente.


Jorge Sabugo Sousa Alias "muselito"











DE LA SELVA AL TERREMOTO



     Con los deberes hechos, o casi hechos, (Chimborazo que ganas te tengo), me quedo el fin de semana cerca del Chimborazo ya que la Chompita y su amiga Clau van a competir por parejas en el Chimborazo extremo, una carrera de bici de montaña de 60 km y unos 1500 m positivos que acababa en el refugio del chimbo.

    Seguí la carrera desde el coche del padre de la Chompita, viendo el paso de la carrera en varios puntos, y tras una gran remontada, desde el tercer puesto, que empezó en el km 20 la Chompita y Clau se hacen con la victoria sacándole más de 8 min a la segunda pareja. Tras la competencia, como les llaman aquí, volví a Baños en bus, donde por fin pude tomarme un té rooibos, y probar el arte ecuatoriano con las tijeras, mi melena era digna para la selva pero daría calor.  
  
     Fui a cenar con el colombiano de la agencia un clásico seco de pollo a un sitio que me llevo él, tras esto me mereció un masaje relajante con piedras volcánicas para irme a la selva como nuevo.

     Pasé toda la noche en el autobús y a la mañana siguiente amanecí en Lago Agrio, donde me recogieron y un mini bus me llevo al puente que da entrada a la selva, allí me recibió uno de los que serían los guías en la selva, pertenecía a la familia propietaria del lodge (edificaciones pequeñas, con materiales del entorno, que no provocan ningún impacto ambiental, vamos un hotel hecho a base de Cabañas) donde me alojaría. Tras registrarme en la oficina del parque natural tendría un trayecto de dos horas en canoa a motor, remontando el río cuyabeno, por sus oscuras aguas, la vegetación cada vez más frondosa, y sus incesantes curvas.
Efrain, el Gringo y yo

     En el viaje cada poco el guía va haciendo paradas para mostrarme la fauna y flora del lugar, voy observando diferentes razas de monos, y de aves. A la llegada al lodge me encuentro con un gringo (nombre con el que los ecuatorianos llaman a los turistas de USA) y un guía nativo de una tribu cercana, un crack, un fuera de serie, el gran Efrain. Esa tarde después de comer, pescamos un poco, más bien lo intentamos, solo Efrain consigue pescar una piraña, tras reposar la comida, salimos por el río Efrain, el gringo y yo para visitar el lago grande, de camino seguimos observando animales y tenemos la suerte de ver un delfín rosado, un perezoso, y varios monos y aves. Ya en el centro del lago Efrain se quita la camiseta y se tira al lago, yo pensé para mí, este tío está zumbado, aquí hay pirañas, caimanes, delfines rosados, estos últimos no acojonan comparados con los otros, y una especie de siluros que miden 5 metros. Nos mira y nos dice, tranquilos, aquí no hay nada que puedan comer las pirañas y los caimanes, todos viven en las orillas para comer a los monos y otros animales que descuidados se acercan a la orilla, yo me lo creí y no pude más que hacer que lanzarme de cabeza al agua, un poco acojonado, no lo niego, pero pronto se me pasó me relaje y disfrute chapoteando, allí, en medio de lago, allí, en medio de la selva, allí, en medio de la nada, donde no hay cobertura donde no hay luz eléctrica, allí, donde el tiempo se para, allí, donde silencio sólo lo rompe la música de la naturaleza, y allí, tumbados los tres en la barca, vimos cómo caía el sol.

En el lodge
     Ya a oscuras sacamos las linternas y nos fuimos a la orilla, para buscar el reflejo de los ojos de los caimanes, encontramos uno, de unos 4/5 metros, que flotaba imponente, y solo sacaba la punta de la boca respirar, nos acercamos a menos de un metro de él, infundía respeto, Efrain aportaba seguridad asique estaba tranquilo, es nativo, vivió toda la vida en la selva, sabe lo que hace, creció en la reserva de una tribu, conoce el río y todo lo que habita en el mejor que yo la tabla del 1.

     Después de esa experiencia regresamos al lodge para dormir. En la selva los días posteriores visite una tribu nativa, hicimos pan de yuca, pero la verdadera atracción era ver al chamán, el gringo y yo teníamos muchas ganas pero su hija nos dijo que se había adentrado en la selva para cazar. Volveríamos al día siguiente, pero el chaman no se encontraba en condiciones, estaba muy borracho, bajo los efectos alucinógenos de la ayaguasca, bebida que elaboran y usan para sus rituales.

     No pudimos presenciar los rituales de chamán, pero sin duda lo que más me llamó la atención de la casa del chamán, apartada del poblado de la reserva y medió adentrada en la selva, no fue su arcaica construcción de madera, si no que de una viga de sus cimientos colgaban dos bolsas de IKEA, llegue a pensar que el chamán era el diseñador de todos los artículos hechos con bambú que venden en IKEA. En la reserva también probé la carne de mono, y me adentré un poco en la selva guiado por Efrain el cual me dio a comer hormigas, que extrañamente tenían un sabor ácido como a limón.

     Tras todo esto el miércoles abandonamos la selva el gringo y yo y hacemos noche viajando a Quito. Nos despedimos en la terminal de bus, pero no sería la última vez que el gringo y yo nos veríamos.
Esta tarde visita la zona de mitad del mundo, donde se erige un monumento que representa la latitud 0 y marca los 4 puntos cardinales, allí me encontraría de nuevo con el gringo.

      Visitaría y haría noche en un pueblo llamado Mindo, que me dejo sin palabras, sus casas de madera y bambú, su calle principal adoquinada, el resto eran de tierra, localizado en el fondo de un valle, cuyas montañas vierten sus aguas al río principal formando numerosas cascadas, allí haría la ruta de las cascadas, un mapa turístico me orientaba en los desvíos y marcaba tiempos estimados, me dediqué a correr de una otra para ver qué tiempos podía hacer, y así pase un día entero, cascada va, cascada viene, mojadura va mojadura viene.

     Estaba en la carretera que conducía a la costa de Esmeralda y baraje ir el fin de semana a relajarme a la Costa, pero había dejado por ver Otavalo, uno de los pueblos más indígenas de Ecuador, y si mercado de sábado era nacionalmente conocido, tenía que comprar alguna artesanía en alpaca a mi señora madre, asique descarte a mi pesar el tirarme en la playa, los que me conocen saben que soy un culo inquieto, necesitaba movimiento, y lo que no sabía era que esa decisión me salvó de meterme en el epicentro del terremoto.
Faldas de rucu pichinga

    Tras hacen noche en Quito el sábado visitó Otavalo, su enorme mercado, calles y calles interminables de artesanía, allí pase el día, negociando, regateando y comprando. A mi llegada a Quito tras hacer el chekin online de mi vuelo de vuelta me acerqué al centro comercial para imprimir los billetes y paseando por el empecé a notar que el suelo vibraba, cada vez con más intensidad, la gente empezaba a correr, yo pensé, ostia un terremoto, mire sobre mi cabeza, creía estar seguro, y dije de aquí no me muevo, estoy en un tercer piso si esto se desploma ni de coña llegare a la puerta, asique quieto, inmóvil, observe como todo se movía, como la gente gritaba y corría, y tras un minuto de movimiento cuando todo paro, proseguir paseando como si nada, pero a los pocos minutos pensé, voy a mandarle un mensaje a mi señora madre que aunque sean las 4 la mañana, esto va a llegar a España pronto, además no sabía lo que había pasado fuera del centro comercial.

     Regresé a casa y la madre de la Chompita estaba muy asustada, intentó consultar en internet el alcance del terremoto y todo son malas noticias, la zona de Costa esta devastada por completo, el número de muertos no para de subir, decido publicar en el Face que no me ha pasado nada y nada más entrar la propia aplicación me pregunta si estoy bien después del terremoto, me sorprendió la rapidez ya que no hacía ni una hora. Por esta vez fue más que útil ya que con unas palabras pude avisar a mucha gente de que estaba bien.

Con la Chompita entes de viajar
  
   Quedaban apenas 40 horas para irme, 40 tristes horas, que pasaron lentas, con continuas noticias, malas noticias del terremoto. El día antes de volar cogería el teleférico para elevarme hasta las faldas del rucu pichincha y contemplar la inmensa ciudad de Quito, algún que otro volcán a lo lejos, entre algunas nubes, y pensar que antes o después, espero regresar algún día, hasta siempre Ecuador


Jorge Sabugo Sousa

Viaje a Ecuador (El Chimborazo)



   Después de la subida al cráter del volcán Tungurahua tocaba una jornada de descanso. Pasaría el día en Baños, esta vez sería tranquilo, nada de puenting, cañoning ni cosas raras. Solo relax, paseítos, relax, aguas termales, relax, etc. etc. Jueves a primera hora, Ñato, el guía, me recoge en el hotel y nos dirigimos a Riobamba, donde visitaríamos la federación de montaña y practicaríamos un poco de escalada deportiva en él rocódromo con los futuros guías de montaña. Allí mismo comimos y pronto salimos hacia la reserva natural del Chimborazo. Una vez dentro llegamos al refugio, a una altitud de 4800m, donde esperaba aclimatarme un par de días antes de intentar la ansiada cumbre. 

Refugio
    El jueves por la tarde, paseo un poco por los alrededores, subo hasta los 5100m de la laguna cóndor cocha, cuyos alrededores ya están cubiertos de nieve. Ritmo lento, respiraciones profundas, parece que la altitud me respeta. En el refugio charlamos con un chico y una chica colombianos que intentarán esta noche la cumbre. Con alguna pequeña molestia por la altitud, y sabedor de que en la noche las sensaciones se agravan, me acuesto a dormir. 

   El viernes a la mañana en el comedor del refugio me encuentro a los colombianos, tuvieron que dar media vuelta cerca de los 5300m, uno de ellos iba fundido y se había quedado sin fuerzas. Esto no hacía más que agrandar mis miedos, intentaba centrarme, y pensar que mi adversario sería la altura, que el cansancio físico no podría conmigo. Esa mañana Ñato y yo salimos de la reserva natural para visitar unas termas y relajarnos. A las 12 del medio día volvíamos a estar en el refugio, donde Manolito nos servía la comida. 

Lago cóndor cocha
   Repito la operación del día anterior, pequeña caminata, le regaló a mis ojos las imponentes vistas, ahora sí, despejadas de la cumbre del Chimborazo, y como si de una historia de amor se tratase no paro de mirarla. También me deleito viendo pasar a las vicuñas, pastando impasibles ante la presencia de algunos pocos andinistas. Yo aún no me consideraba uno, pero estaba jugando a serlo.

    En la parte trasera del refugio un gran monumento de piedra marca el inicio de la ruta, y alrededor de él, numerosas lápidas, de algunos valientes que un día lo intentaron por última vez, y de algunos otros que habiendo coronado muchas veces, su última petición fue esparcir allí sus cenizas, ver semejante cementerio me hacía pensar que debería, aunque me costase, ser sensato y no jugarme la vida, queda mucho por hacer. Pronto me acostaría, la idea era levantarse a las 10 de la noche para a las 11 iniciar la marcha. Ya en el cuarto, con alguna hora de sueño encima, aparece un nuevo guía acompañado por dos chicos que también buscarían la cima.

Vicuñas
    Veo la preparación y el material que trae esta gente, y suma 1 millón más al contador de acojone que tengo. Pero seamos sinceros, soy cazurro, por mis santos eggs (huevos en castellano, para los que no saben inglés) que lo intento, eso sí, siempre con cierta sensatez. Esta vez la línea que separa la sana autoconfianza de la insana arrogancia sería realmente fina, debería medir muy mucho mis decisiones. Tras una pequeña charla con los nuevos compañeros todos nos echamos a dormir, esperaba una dura noche.

    A las 10 de la noche suena mi despertador, y junto con Ñato bajamos para comer algo, los compañeros de habitación aunque tenían previsto dormir hasta las 11 también bajan. Tras picar algo decido salir el primero, ya con el arnés colocado, casco en la cabeza y empuñando los bastones, ganas mil y acojone un millón salgo al ruedo. Conozco el camino al menos hasta el lago, así empezaría suave, concentrándome en la respiración, pensando en que no hay mal de altura, caminaba en solitaria por aquel sendero oscuro y en mi cabeza una voz decía una y otra vez no hay mal de altura, no hay mal de altura, y poco después sale mi guía que me alcanza antes de llegar al lago. El otro grupo saldría una media hora más tarde.

    Sobrepasado el lago y un poco por encima de los 5100m, hacemos un alto técnico para colocarnos los crampones guardar un bastón y sacar el piolet. Empezamos un ascenso bastante vertical, la nieve esta blanda y nos vamos enterrando a cada paso, eso hace más duro aún si cabe el ascenso, y también peligroso, un mal paso y deslizarse por esa pared no iba a ser nada divertido, o quizás sí, siempre y cuando no nos hiciésemos daño. La cosa empezaba a cambiar cuando íbamos ganando altura, la nieve seguía en bastante mal estado y la altura ya empezaba a ser sería como para cometer un descuido y resbalarse. Hacemos una parada técnica, y le mando un trago de té de coca para prevenir el mal de altura, no había rastro de él, o al menos no se manifestaba como dolor de cabeza. Después de esta parada, reiniciamos la subida esta vez ya encordados. Busco apoyarme con él piolet en el lado de monte y bastón al lado del valle, por la longitud de ambos, y en uno de esos cambios, bye bye manopla derecha, al sacar la dragonera del bastón saco también la de la manopla que se me cae al suelo y se desliza montaña abajo. No la volvería a ver, la echaría de menos. Proseguimos el ascenso, cada vez más duro, cada vez más cuesto, llegamos a la zona del castillo donde hacemos una pequeña parada. Ya por encima de los 5400.

    Bebemos un poco, media barrita cortesía de la Cochadora, y proseguimos la cordada. De repente se oye un ruido metálico, de mi mochila se desprende el termo, y cae ladera abajo, bye bye té de coca, la única bebida caliente que llevaba, sabía que mi agua se acabaría congelando, y no era muy conveniente deshidratarse. Proseguimos la cordada lentos pero seguros, todo a partir de aquí sería vertical, muy vertical, más vertical aún si cabe. Me voy sintiendo agotado por momentos, y necesito hacer paradas cada poco tiempo, Ñato me animaba diciendo "metele ñeque”, se lo había oído tantas veces que tuve que preguntarle. Es una forma de animar como diciendo venga échale ganas, o el ya clásico español échale huevos. Ñeque a ñeque fui subiendo, pero la nieve seguía blanda y nos seguíamos undiendo.

    Ojo al GPS y superamos los 5500, ñeque a ñeque, mordisco a mordisco de barrita, ya con el agua congelada, sigo undiendome en la nieve blanda. Avanzamos lentos pero seguros, la zona es peligrosa y se oye alguna piedra que otra caer. Llegamos a los 5600, eran casi las 3:30 de la mañana y casi 5 horas de ascenso. Empiezo a darme cuenta que no va a ser posible coronar, la nieve está demasiado blanda y avanzar en ella es muy peligroso, y más peligroso aún sería el descenso cuando saliera el sol. Empiezo a notar, o más bien, dejo de notar mis dedos de las manos por el frío, intentó calentarlos a base de golpes, de movimientos ágiles, de frotarlos con mis piernas. 

    Seguimos con el ascenso, poco a poco, pero seguro, vamos ganando metros verticales, pero aún está muy lejos la cima, empiezo a sentirme sin fuerzas, parte quizás efecto de la altura, no me duele la cabeza pero me faltan fuerzas, hacía tiempo que no me sentía tan desfondado. Cada poco necesitaba parar, para tomar un respiro, cada vez eran menos las zancadas que podía dar sin parar, mis manos tensas no eran capaces de cerrarse rodeando las empuñaduras del bastón y el piolet, y acabó desfalleciéndome clavando las rodillas sobre la fría nieve y mi cabeza dice hasta aquí. Mi físico empezaba a limitarme y tardaría mucho en coronar, mis dedos empezaban a preocuparme, a preocuparme de verdad, los tenía morados, no podía cerrarlos y solo pensaba en la posibilidad de perder alguno, y sinceramente no sé vosotros pero yo quiero más a mis dedos que a la cima del Chimborazo.

    Allí de rodillas, exhausto, desfondado,  se me escapan las lágrimas, lágrimas de tristeza, lágrimas de impotencia, lágrimas de dolor, lágrimas del fin,  lágrimas que se congelan al llegar a mi barba, asique haría lo más sensato, bajar. La nieve esta blanda y el descenso será peligroso, pero mis dedos me pedían velocidad, o más que velocidad, calor. Emprendemos un rápido descenso, jugándonos el tipo en ocasiones. A 5500 m nos encontramos con la cordada de los compañeros que suben, formamos un punto de reunión para analizar la situación. Uno de ellos me da unos saquitos que al friccionarlos producen calor, mucho calor, los introduzco en mis guantes y con mucho dolor parece que mis dedos empiezan a reaccionar. Les debo la vida, o mejor dicho los dedos, les debo los dedos a esos amigos ecuatorianos que el Chimborazo me dio. Tras unos minutos hablando nosotros proseguimos el descenso, la otra cordada quiere sacarse un poco el físico y ascienden un poco más para iniciar el descenso. 

Rápido llego al lago, me siento y como buenamente puedo me quito los crampones, los guardo  y desciendo por el sendero hasta el refugio, al llegar a la zona de las lápidas, las miro, y doy gracias a no sé que, por qué sigo aquí. 

Chimborazo

Chimborazo, esto te lo digo a ti, tenemos algo pendiente, no será ahora, no sé cuándo será, pero que sepas que algún día coronaré tu cima y una nueva crónica habrá.


Jorge Sabugo Sousa