101K de Ronda: una aventura inolvidable
Parece que fue ayer cuando un compañero de trabajo me dijo allá por octubre:
“Como apruebe mi oposición, nos vamos a los 101K de la Legión”.
Y aprobó.
En enero comenzó la aventura. En un estado de forma bastante lamentable, empezamos a entrenar. Enero se hizo cuesta arriba… como la Cuesta del Cachondeo 🤣.
Los entrenamientos llegaron, febrero y marzo, y con tiradinas de 15K y 20K empezamos a tener buenas sensaciones.
Ya en abril fue otra cosa. Las sensaciones eran muy buenas y subimos esas tiradas a un par de veces por semana entre 20K y 35K.
A nivel personal, hice un test de 45 kilómetros intentando buscar malas sensaciones… ¡que nunca llegaron!
Y así nos plantamos en el día de la prueba: 9 de mayo.
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Mi gente: la UME, el Club Atletismo León y mi familia
Cabe mencionar que en esta ocasión corrí con el equipo de mi trabajo, la UME (Unidad Militar de Emergencias). Y está muy bien, pero yo me calzo las zapatillas, tanto en el trabajo como en mi tiempo libre, por una sola razón: la que me une a este gran deporte, mi club de atletismo.
Mi segunda familia y el mejor club de la provincia de León y del mundo: el CLUB ATLETISMO LEÓN 🦁.
Sin ellos esto no sería posible. Podría mencionar a todos y cada uno de mis compañeros, pero en especial al presi, Jesús, que se vuelca por este equipo y esta familia junto con toda su directiva. Gracias.
A Faus, que me hace estar en forma 💪🏻. No quiero que me gane 🤣.
Y, cómo no, a todos en general.
Y por supuesto, mi familia: mi pareja Sonia y nuestra princesa Lucía. Aunque ellas no lo sepan, me duele escaparme esas mañanas con mi segunda familia. Me encanta pasar todo el tiempo del mundo con ellas, pero lo entienden 😍.
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La salida: comienza la aventura
Y tras este inciso recordando a mis dos familias, volvemos a la línea de meta.
Nos plantamos en la salida con tiempo, a las 8:45. Nos equipamos, dudamos y recordamos el planteamiento de carrera, que no era gran cosa, pero ahí estaba 🤣.
El plan era básico:
* No contar kilómetros para que la cabeza no pensara demasiado.
* Ir restando avituallamientos para hacerlo más fácil psicológicamente.
* Comer cada media hora.
* Beber muchísimo.
No tenía mucha ciencia, la verdad.
La idea, tanto en los entrenamientos como el día de la prueba, era clara: trotar y hacer caco. Las cuestas se caminan y, si hay piernas, las bajadas y el llano se corren.
Y tanto que corrimos…
Ronda, Arriate y Setenil
Tras sonar y cantar más de 8.000 corredores el himno de la Legión, y después de los correspondientes vivas a España, al Rey, a Ronda y a los 101K, se dio la salida a las 9:45.
Comenzamos a trotar entre el gentío de Ronda. Miles de personas: familiares, amigos, lugareños y turistas. Lo nunca visto 😍🥲. Indescriptible.
Salimos de Ronda y ya no había vuelta atrás.
Corremos y corremos. Los kilómetros pasan como si nada, a ritmos entre 6 y 8 minutos por kilómetro, incluso por debajo de 6 minutos… algo impensable en enero.
Nos plantamos en Arriate, kilómetro 22, en 2 horas y 34 minutos. Otro pueblo completamente volcado con la carrera, y sales de allí con fuerzas renovadas rumbo a Setenil de las Bodegas.
Seguimos corriendo a los mismos ritmos. Las sensaciones son brutales y, sin darnos cuenta, llegamos a Setenil.
Kilómetro 50.
Tiempo: 6 horas y 20 minutos.
Esto va sobre ruedas y la afición de Setenil nos lleva en volandas. Qué bonito. No hay palabras.
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El cuartel de La Legión
Pero esto sigue.
La siguiente parada, tras no detenernos ni siquiera a comer en Setenil, era la cena en el cuartel de La Legión.
Yo, los días previos, tenía claro que llegaríamos sobre las 20:00; en el peor de los casos, a las 21:00.
Pero todo iba sobre ruedas.
Nos plantamos allí a las 19:00.
Kilómetro 70.
Tiempo: 9 horas y 38 minutos.
Aquí nos cambiamos la ropa, reponemos un poco de todo y pasamos prácticamente de largo por la cena. Parar demasiado habría sido un error 🙅. Después no arrancas 🤣.
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Los últimos 30 kilómetros
Siguiente objetivo: Montejaque. Y de ahí, a Ronda.
Quedaban los peores 30 kilómetros, con 1.000 metros de desnivel positivo.
Pero el tiempo seguía acompañando y no hacía frío.
Hasta el kilómetro 80, Montejaque, damos los últimos trotes. Y desde allí hasta Ronda ya solo queda caminar las subidas. Íbamos “a un ritmazo”; apostaría a que más rápido que muchos bajando 🤣, porque las bajadas eran insufribles.
Pero llegamos al kilómetro 90 y vemos Ronda. Lejos, pero la vemos.
Y en un abrir y cerrar de ojos estamos subiendo la Cuesta del Cachondeo con paso firme.
La coronamos.
Últimos 2 kilómetros.
Y, a pesar de ser casi la una de la madrugada, el pueblo seguía completamente volcado.
Los últimos 500 metros fueron para recordar: aficionados, familiares y nosotros corriendo. Juntos.
Como empezamos, terminamos: corriendo.
La meta
Y yo acordándome de los míos:
De mis chicas, Sonia y Lucía.
De mi equipo, el Club Atletismo León.
Y de mi madre, que desde ahí arriba 💫 sé que me empujó y se llevó la lluvia a otro sitio 🤣😍.
Simplemente feliz.
Tiempo final: 15 horas y 12 minutos.
Y nada de esto habría sido posible sin Manu, nuestro aguador y apoyo en carrera. Gracias, Manu.
Gracias
Y ahora sí, para terminar:
Gracias a todos y cada uno de los patrocinadores del Club Atletismo León.
Nosotros corremos, ellos nos facilitan el camino.