viernes, 24 de febrero de 2017

MARATÓN DE SEVILLA (Víctor Martinez)

Dicen que hay tres cosas que todo el mundo tiene que hacer a lo largo de su vida: Escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo, yo añadiría una mas... Correr un maratón.
El domingo pasado yo corrí el primero de que será una larga lista de maratones (eso espero).


Alberto Mancha y Víctor Martinez

Después de unos años en esto del atletismo, por fin hace unos meses me decidí a dar el salto a la "distancia madre", y comencé a prepararme. El escenario sería Sevilla. 
Alberto Mancha, compañero y amigo también perteneciente al Club Atletismo León, me acompañaría en esta aventura. También era su primer maratón, y puesto que habíamos entrenado juntos alguna tirada larga y que nuestros tiempos son muy parecidos, decidimos hacer juntos al menos los 30 primeros kilómetros. 
Llegamos a Sevilla acompañados de nuestras respectivas chicas y tras algo más de seis horas de viaje
Alberto y Víctor

Para suavizar un poco los nervios que nos llevaban desvelando varios días, salimos por la tarde los cuatro a dar una vuelta y conocer las cosas más importantes de la ciudad. Sin liarnos mucho, prontito a la cama... ¡Que a las 5:30 suena el despertador!
Al levantarnos, los nervios son aún mayores que los días anteriores, nos tiemblan hasta las piernas.

Después de desayunar bien, prepararnos y demás, cogemos un taxi los cuatro que nos lleva hasta el Estadio de La Cartuja.
Las 8:30 llegan rápido. Tan rápido que apenas hemos calentado y estirado.
Llega la hora, mirada al cielo, señal de la cruz... 3,2,1... ¡A CORRER! ¡EMPIEZA LO BUENO!

Intentamos no pensar donde estamos y actuar como si fuese un entrenamiento más de tirada larga. Vamos charlando entre nosotros y con alguno de los corredores que van a nuestro lado, y disfrutando de los lugares más emblemáticos de Sevilla, que resultan aún más majestuosos a nuestro paso. Tanto disfrutamos y nos acomodamos, que los primeros 4 kilómetros vamos por encima del tiempo que habíamos entrenado, ¡muy lentos! 
En los kilómetros posteriores vamos recuperando esos segundos perdidos sin darnos cuenta, hasta llegar al 21. La mitad del trabajo estaba hecho y seguíamos encontrándonos muy cómodos, está vez ya íbamos incluso mejor que en los entrenamientos. 
En los kilómetros 28-30, Alberto empieza a resentirse de las piernas e incluso a casi pararse por completo en los avituallamientos, algo que intento no permitirle, ya que a esas alturas de la carrera, pararte puede ser fatal si luego quieres volver a arrancar. Decidimos seguir juntos un rato más ahora que realmente empieza lo duro. Tomamos un segundo gel a eso del kilómetro 34, y a seguir.

En el kilómetro 38, saliendo de Plaza de España, no sé de dónde Alberto saca fuerza y empieza a zapatear casi a tiempos de 4:30 por kilómetro. Yo le aguanto el ritmo, pero en algún momento quiero bajar inconscientemente. Alberto mira para atrás cada pocos segundos para ver si le sigo e intenta motivarme: ¡Vamos, que para esto es para lo que hemos entrenado!


             Víctor y Alberto llegando a Meta hondeando la Bandera de León


Kilómetro 41 y La Cartuja ya se deja ver. Una sensación que nunca antes había sentido me sube desde el estómago y llena mis ojos de lágrimas. Miro a mi compañero y veo que él está igual. 

Entramos en el túnel de acceso al estadio y ahí saco una pequeña bandera de León que entre los dos elevamos. Zancada amplia, rápida, cuerpo recto y mostrando a La Cartuja cual es la bandera más bonita del mundo.
Atravesamos la meta, e igual que al principio, mirada al cielo, señal de la cruz, y a disfrutar... ¡YA SOY MARATONIANO! 
Ahí tenemos a Víctor y Alberto con sus medallas de Finisher

Ya en la zona de guardarropa nos esperan nuestras chicas. Al verlas sonriendo y esperando para abrazarnos, no podemos evitar el volver a llorar como niños de parvulario.
El domingo viví sin duda alguna, una de las mejores experiencias de mi vida. Ahora solo pienso en repetir cientos de maratones más e incluso marcarme retos aún más grandes.
Eso sí, siempre disfrutando de este deporte y de lo bonito que es vivir deprisa.

Víctor Martínez




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